El asalto

20 diciembre, 2006

Como cualquier día de currele, me disponía a desayunar tranquilamente hará un par de semanas en mi recinto habitual designado para tal efecto. Yo no pensé que pudiera ocurrirme nada malo puesto que se encuentra en la calle contigua al lugar en el que trabajo así que incauto de mi encaminé hacia el mi persona junto a la de mis compañeros.

Seguro que ahora estás pensando que el asalto fue en plena calle en la misma puerta de mi trabajo. ¡Pues no! Hoy en día ya ni los asaltantes tienen la más mínima verguenza y ni siquiera te lo hacen en la calle; como llega el frio es mejor hacerlo a cubierto sin importar el público. Ya lo tienen estudiado, entre tostada y tostada ocurre una especie de momento cósmico en el que estás atento en llenarte el papo y ¡zas! Aquí te pillo, aquí te mato.

Tengo que reconocer que yo, inocente de mí, cometí el error de sacar un objeto que pudo incitar al amigo asaltante a lanzarse a por su presa, porque así es como me sentí, como la pobre gacelilla que corre ante el tigre de Zanzibar y que pocas oportunidades tiene de escapar.

La verdad es que cuando lo ves en la tele, pues te da penilla y tal, pero no es lo mismo verlo sentado en gallumbos en tu sofá que estar ahí corriendo sabiendote muerto y sin poder escapar. La mayoría de la gente no lo sabe pero toda tu vida pasa ante tí en cuestión de segundos. O a lo mejor es solo desde que le has visto el careto al asaltante pero el caso es que algo pasa ante tí en un pequeño espacio de tiempo. Y sí, sabes que no tienes escapatoria y que has de afrontar lo que te toque porque si no, va a ser peor.

Lo que pasó es que estaba yo sentado como todos los días hablando con mis compañeros de la reforma agraria del proletariado en el siglo XVII y su relación con la posterior revolución industrial … Bueno, de eso o de tetas, no lo recuerdo bien. Lo verdaderamente importante es que cometí un error y me costó caro, es importante decirlo para que a nadie le pase y pueda huir del peligro.

No puedes preverlo porque uno de estos asaltantes no va disfrazado de yonki, ni lleva una máscara que le tape los ojos, ni siquiera una bolsa con el simbolo del dolar en la mano para cargar con el dinero.  Se visten de personas humanas corrientes y molientes, andantes pero espectantes de su oportunidad de abalanzarse sobre el tierno corderito que en este caso fui yo.

Pues sí, estaba hablando yo cuando suddenly me percaté de que había un folleto de MierdaMarkt sobre la barra y lo agarré para echarle un vistazo. Hasta aquí todo bien, lo que me lanzó a la boca del lobo con una manzana en la boca fueron mis palabras al hojear el panfleto.

No recuerdo exactamente lo que dije puesto que el trauma ha afectado a mi consciencia y mi memoria para protegerme de este horror animal, pero puedo decir que la frase fue algo así como “Este pendrive está bien, me quiero pillar uno para ver si puedo meterme pelis y verlas en el 770 a través de USB”.

¡Craso error! Si hubiera usado un lenguaje de no iniciado como “El cacharrito este mola, además tiene un montón de gibas de esas” o “¿Pa que pijo servirá esto?” habría pasado desapercibido y mi día habría seguido como siempre, pero no, tenía que hablar como un informático y despertar el instinto animal de mi atacante.

Su lomo se erizó, sus ojos se abrieron de par en par, sus garras se extendieron y enfilaron hacia mí. Arqueó su columna, afinó su mirada y rápidamente saltó sobre nosotros con su peor arma, la más mortal, de la cual no puedes huir; la palabra “Oye, he visto que sois informáticos, resulta que los cedeses del Bisbal no se me oyen en el deuvedé por los altavoces de atrás y no se si vosotros sabríais por qué es”.

Yo, tengo que reconocerlo, me quedé asombrado ante la rapidez de su ataque. Qué destreza para elegir a la presa más debil, qué pericia para saltar en el momento justo y en el lugar adecuado, qué facilidad para usar las palabras justas para dejarte lo suficientemente atontado como para no poder huir.

Es increible oiga, como la gente piensa que por ser informático ya tienes que saber como funciona cualquier aparato eléctrico. Y no solo eso, con la mínima cantidad de información posible, y si no lo sabes te sueltan la típica frase de “Pues vaya mierda de informático”, aunque no te conozcan, no creas que van a ser benevolentes por ello, si eres un tío mierda lo eres y punto.

En estos casos lo mejor es usar sus propias armas y lanzarte a su cuello con un típico “Lo mejor es que compruebes si se ha configurado el escalado de la imagen a 4:3 y ver si el entrelazado está activado o no”. La mayoría sienten verguenza de no entender un pijo de lo que dices y asienten con un leve “si, si, puede ser” entre sus labios. Los peores te dirán “¿Lo cualo?”

Con estos, lo mejor es soltarle cualquier cosa que sea lógica y dejarlos contentos para que se lo cuenten luego a su señora, aunque luego no funcione y esperando no volver a verlos porque si no te van a dar la brasa de nuevo.

Luego están los pesados que continúan preguntandote tonterías sin parar hurgandote cada vez más en la herida y escupiendote sal contínuamente. Ante esta situación lo mejor es tragar saliva y hacer de tripas corazón aguantando el tipo como se pueda hasta que todo pase.

Con un poco de suerte, en 5 minutos te librarás de las fauces del cazador y podrás seguir desayunando tan tranquilo, eso sí, sin levantar la cabeza y tratando de no llamar la atención no vaya a ser que te vuelva a saltar alguien encima y haga que se te termine de atragantar la tostada.