Un domingo cualquiera

14 noviembre, 2006

Domingo. Mediodía. Padre sol asoma sus largos brazos por las rendijas de la persiana y golpea mi cara rabioso y carente de compasión. Mi cuerpo lucha en vano por recuperar el control de sí mismo tratando de aprovechar que Morfeo y Baco se enfrascan en un combate a vida o muerte por mi alma inmortal.

La furia de la anterior noche quema mis ojos indefensos. No intento defenderme. No tiene sentido.

Poco a poco expulso lo que quedaba de mí del averno negro y consigo volver al mundo de los vivos aunque no totalmente como un igual. Vuelvo a ver la luz y todo parece distinto. Veo colores, sombras, formas que se retuercen y que no logro reconocer ni distinguir de mi propio ser. Los colores se tornan en sombras, las sombras en formas y éstas en colores que siguen girando en torno a mi ser y que alumbran mi despertar a un nuevo mundo. Es un amanecer distinto. Como todos los domingos.

Pongo un gran esfuerzo en ello y empiezo a recuperar el dominio de mí. Escupo mi fétido aliento sobre mi blanca almohada y desenvuelvo mis extremidades de mi retorcido cuerpo. Blanco es el color de mi tez y negro el color de mi consciencia aunque creo que hoy, con un poco de dolor adicional podré tornarlo de un color grisáceo.

Despego mi cuerpo de la sábana y repto hasta la puerta que ríe furiosa ante mi al ser abierta por mi temblorosa mano. Lenta pero vigorosamente se desliza el agua por mi cara devolviendome un poco más la consciencia necesaria para no estrellarme contra el cristal del baño.

Decido no mezclar alcohol con galletas y salto deseoso sobre el sofá del salón. Nos retorcemos mezclándonos el uno con el otro formando un solo ente absorbedor de imágenes en movimiento. No tratamos de darle sentido a lo que vemos, solo queremos mantenernos ocupados hasta que pase todo. No nos hablamos, ni lo queremos ni lo necesitamos, ya nos conocemos.

Las formas desfilan ante nosotros sucediéndose en una espiral de canales y números. Llama nuestra atención una escena que no podemos considerar menos que dantesca. Una fea señora rondando la senectud cruza sus piernas y sus ojos con un joven guapo y apuesto en una abominable mezcla de estridentes sonido y compulsivos movimientos. Su cara nos es familiar. Creemos reconocer las formas, y de ellas captamos los rasgos y tras estos llegan los recuerdos. Oh Dios, es Carmen Martínez Bordiú, nietísima de España.

Me gustaban más los dragones.

Contemplamos impávidos como la nieta del dictador arrastra sus entumecidas piernas y retuerce su cabeza de manera que ni nosotros pensábamos que pudiera hacerse. Al son de la música gira en nuestro interior un nudo de vísceras y fluidos siguiendo el ritmo de las caderas de la que una vez dominó el país.

En nuestro subconsciente conjunto se forman las preguntas evidentes, ¿qué ha tenido que ocurrir para llegar a este extremo?, ¿Se ha acabado el dinero de la familia?, ¿Se ha diluido tanto la dignidad de esta persona en la falsa democracia para tener que recurrir a esto? Infame es la pregunta y absurda sería la respuesta.

Consiguen detenerse dando un respiro a nuestro interior para hablar de su macabra danza. “Es hip hop”, alega en su defensa, “y la verdad es que no está mal. Incluso he descubierto que me gusta. ME GUSTA EL HIP HOP”.

Las palabras giran y giran en torno a mi formando extraños conceptos que obnubilan mi consciencia y hacen que eche de menos al dios del sueño, o quizá mejor, al dios del vino. Noto como algo en mi interior se mueve y trata de salir, lucha por tomar el control de mis labios y formar las palabras. Me resisto pero es inútil y poco a poco se forma el concepto en mi mente y tras él las palabras en mi boca.

“Si Franco levantara la cabeza…”

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La borracha de la Sexta

13 julio, 2006

– Luis.

– Que hay, Jose.

– Te has enterado de lo de la borracha de la Sexta, ¿no?

– Si, claro, es uno de esos videos que corren como la polvora, como el del Opá, los del gañán o el de las bragas de la leti.

– No me refiero a eso. Es que resulta que no se había emborrachado.

– Claro que no, es que pasaba por allí, el tito Pampero la miró, ella lo miró a él, ambos se miraron y surgió el amor. A las dos horas se estaban haciendo el amor el uno a la otra y a consecuencia de ello se quedó embarazada lo que le provocó un bajón de azucar y dió la sensación de que estaba borracha, pero en realidad no lo estaba, era fruto del amor.

– ¿ein?

– Nada, es que últimamente veo mucho House.

– Le han hecho una entrevista en el 20 minutos y dice que trabaja de azafata y que acababa de llegar de méxico por lo que tenía Jet Lag y estaba muy cansada. Por eso daba la sensación de estar borracha.

– Ya veo. ¿Y, en qué sección del periódico lo has leido? ¿en humor? ¿en chorradas varias? ¿o en historias para tontos?

– Es solo una entrevista. Además, ahora dice que no la han despedido, solo que no la han llamado para trabajar en Julio.

– Si, claro, y a Julio Cesar no lo mataron, solo lo retiraron del cargo de emperador por que casualmente tenía un cuchillo en el pecho y no quedaba bien para las estatuas. Algunas veces pienso que o eres muy tonto o muy inocente, no se cual es peor. ¿Pero tú es que te crees todo lo que dicen en el periódico o en la tele es cierto? A ver si te voy a tener que enseñar ahora a distinguir Matrix del mundo real.

– Todo no me lo creo, pero vamos, la pobre no tiene la culpa, estaba trabajando.

– Si, tropezó y sin darse cuenta estaba borracha, a mi me pasa un par de veces a la semana.

– Acababa de llegar de México, estaba cansada y tenía una infección de garganta.

– Que seguramente le afectó al cerebro porque los ojos cansados, la falta de equilibrio y la retaila de tonterías que soltaba estaban causadas por el trastorno en el organo de la consciencia que se localiza en la garganta. Si es que esto del cambio de hora es una putada, estás de fiesta y de repente te acuerdas de que tienes que ir a currar, ¡y a la tele, nada menos!

– Al parecer ella vive en Holanda y no habla perfectamente español lo cual ha causado que parezca lo que no es.

– ¿Que vive en Holanda? Pues ahora me lo has dejado más claro. No estaba borracha, estaba drogada. Ya sabes, “oye, colega, vamonos a un coffe de esos a tomarnos algo, si no va a a pasar nada”. Seguro que su jefe la emborrachó y acabó montándoselo con ella, por eso no la ha echado todavía. Va a dejar pasar un mes no vaya a ser que esté embarazada y lo denuncie.

– ¿No te da pena?

– Supongo, pero no mucho. Creo que le va a costar trabajo volver a encontrar trabajo como no sea en “Salsa Rosa” o en “Donde estás, corazón”. Como mucho podrá obtener un puesto de consejera de algún ministro o de jefa de alguna consultora, no se me ocurre ahora mismo ninguna en concreto.

– Eres un cínico.

– Y tú un inocente.

– Pues eso.

– Pues vale.