Las cosas claras

13 septiembre, 2006

Esta tarde, al llegar a mi piso, cansado del trabajo o de trabajar que no es lo mismo, he ido directamente al baño a refrescarme un poco la cara, porque a pesar del día de perros que hizo ayer hoy hemos tenido que soportar de nuevo un calor de mediodía horrible.

Mientras refrescaba mi dulce y aterciopelada tez he descubierto que alguien había dejado tirada una bolsa de plastico junto al lavabo, sobre la cosa esta que es una encimera de baño pero que no se llama encimera, llamemosla lacosaestaqueesunaencimeradebañoperoquenosellamaencimera para abreviar. La bolsa contenía diversos artículos típicos de la zona en la que se encontraba como son cepillo de dientes, peine, cepillo, crema dental, colonia, maquinilla de afeitar y espuma de idem desparramados sobre lacosaestaqueesunaencimeradebañoperoquenosellamaencimera.

Me ha extrañado porque mis compañeros tienen cada uno su bolsa de aseo que desparraman por el baño y que he podido localizar rapidamente así que he deducido (aquí tengo que anotarme un punto, listo de mí) que no era de ellos. No he querido darle más importancia al asunto así que he reptado hasta la cocina para hacerme de comer. Estaba yo en ello cuando he oido música que procedía del salón así que presto y veloz me he dirijido hasta allí para discutir con mis compañeros mis nuevas teorías sobre la masturbación colectiva y el onanismo tántrico. Cuan ha sido mi sorpresa cuando he descubierto que, alguien en un descuido se había dejado tirado un señor en mi sofá.

Este señor se hallaba dejado caer sobre lacosaestaqueesunrespaldodesofáperoquenosellamarespaldo y para más inri se encontraba el pobre sin camiseta, camisa o algún objeto cubrepecho que tapara su desnudez, o lo que es lo mismo, con el torso desnudo o como se denomina vulgarmente, “medio en pelotas”.

Ha sido una mirada fugaz la que nos hemos cruzado pero al observar su cara de empanamiento he deducido rápidamente que era amigo de mi compañero de piso Tino que no se como se las apaña pero siempre se rodea de tontascos y mongolos. En una época más pretérita de mi vida habría optado por putearle, echarlo de casa o simplemente gritarle una serie de improperios sin que entendiera nada ya que, por si no lo había dicho, también deduje que era italiano.

Como mi juicio se ve afectado por la edad he decidido saludarlo como si tal cosa y dejarlo ahí reposando las pelotas en mi sofá dejandole conocer mi nombre y poco más, aunque por si las moscas he apretado su mano con fuerza para que supiera quien es el amo de la casa, el rey de la selva, el dueño de la bandera, el señor de las hembras del lugar, el único de los dos que tiene derecho a polinizar a una hembra en esta santa casa. Parece que lo ha entendido a la primera así que se ha replegado al sofá, terreno que conoce de sobra y se ha mantenido allí durante toda la tarde, ni ir a mear lo he oido.

Y es que es importante amiguitos dejar claro quien lleva los pantalones (en este caso la camiseta) en un piso, no vaya a ser que luego haya confusiones y se atreva a abrirme la puerta cuando yo esté durmiendo y él vuelva borracho esta noche.